Crítica i debat / SlowInfo

Ciudad sin hogares

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.”
Italo Calvino, Las ciudades invisibles

Sense sostre ni llei: Jornades de reflexió i debat entorn les alteritats urbanes, l’exclusió social i la ciutat contemporània
14, 15, 16 i 17 de juny del 2017

Esta ciudad está presente en todas las ciudades, es por ello una ciudad generalizada. Unos la padecen y otros  no obstante, presenciándola, no la ven ni la desean ver. Tan antigua es como la más antigua de las ciudades, aunque desde hace unos pocos años su gentilicio es excluido. La ausencia es su quintaesencia, a ella le debe su nombre.

En la ciudad sin hogares hay cerraduras para cada impenetrable puerta y cartones para cada esquina sin cerradura. La triada sagrada que forman la escalera, el banco y el cajero automático son objetos de nuevos y degradantes usos. La arquitectura deja de ser un testigo mudo para ascender de puesto como testigo-muro. No es ya refugio, se transmuta en erizado enemigo de la columna vertebral de quién la sufre.

Es la ciudad de los que se mueven para subsistir, para evitar ser atropellados por el estigma; la ciudad de la libertad en prisión, donde son innecesarias cárceles o panópticos. Ciudad de calles y parques. Ciudad de segregados. Ciudad de colapsados.

Allí los vulgares tetrabricks de vino son fábricas de espejismos urbanos, o bien muletas mentales para soportarse en esta urbe de ausencias. Muchos de sus paisanos pasaron la fecha de caducidad del empleo, sólo se espera de ellos ya el proceso de putrefacción. Algunos sin hogares son tristes magos en el arte de la mímesis, su último asilo. Junto a su ciudad se ocultan a menudo, a merced de la necesidad de aliento y alimento.

No se entra a Ciudad sin hogares, se es despeñado a ella.

Esta es una de esas ciudades invisibles que pocas quieren ver y que,  desde Slowinfo, aspiramos durante unos calurosos dias de junio a imaginar. Gracias a Miquel Fuster, Juan Lemus, Joan Uribe, Emanuela Bove, Zaida Muxí, Álex Giménez, Manuel Delgado, Inés Aquilué, Gabriela Navas, Francesc Pla, Eva Serra, Mel García, Roger Fe, Albert Sales, a Arrels Fundació, al Centre d’Acollida Assís, a la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona, a la Universitat de Barcelona y a todas las asistentes por darnos lugares y momentos para ver. Gracias a Agnès Varda por habernos regalado un título y una película que disfrutar. Y finalmente, gracias a Santiago Bachiller por, sin aún saberlo, haber puesto a nuestro alcance los relatos y análisis de su experiencia de visión en Madrid. Si Lefebvre volviera en algún momento a hablar de derecho a la ciudad, claramente no se referiría a la ciudad sin hogares: a esta ciudad no hay derecho.

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